Viaje a Satoria

Novela ligera · Fantasía costumbrista japonesa · Sin magia

Nadie volverá a engañarnos

Un chico que apunta y una chica que reparte salen de un valle del norte buscando una ciudad de la que solo se sabe una cosa: que cuando llegas, alguien te pregunta el nombre. Por el camino montan libros de cuentas en aldeas que no se fían de nadie, se meten en un puerto donde todo tiene precio, y descubren que lo difícil no es encontrar el sitio: es entender para qué sirve encontrarlo.

Cinco libros · un ómnibus

Los libros

Portada de «El viaje de Yota y Kat hacia Satoria»
Nadie volverá a engañarnos · 1

El viaje de Yota y Kat hacia Satoria

Un chico que apunta, una chica que reparte, y una ciudad de la que solo se sabe una cosa.

En Motomura, un buhonero vendió amuletos contra los jabalíes y se llevó los ahorros de veinte casas. La madre de Yota lo creyó primero y convenció a las demás; desde entonces paga una deuda que nadie le pidió. Yota tiene doce años, una libreta de cartón y la manía de apuntarlo todo. Kat tiene once, no sabe leer, y lleva un delantal de bolsillos siempre llenos. Los dos salen del valle buscando una ciudad de la que solo se sabe una cosa: que cuando llegas, alguien te pregunta el nombre.

Portada de «Se paga el hacer»
Nadie volverá a engañarnos · 2

Se paga el hacer

Un puerto grande y frío donde nadie tiene por qué darles nada.

Yota entra en el gremio de contadores por la puerta de atrás: rango E, jornal de aprendiz y una chapa con una letra quemada a hierro. Kat entra por otra puerta que no existe en ningún reglamento. Y en esa ciudad hay alguien que lleva mucho tiempo quitando un pellizco de plata a cada moneda que pasa por sus manos. Tan poco que nadie lo nota. Para cazarlo hace falta alguien que sepa contar. Y para entender por qué lo hacía, alguien que sepa preguntar.

Portada de «El precio de volver»
Nadie volverá a engañarnos · 3

El precio de volver

Volver a casa siendo alguien es más difícil que irse siendo nadie.

Han pasado tres años desde que salieron del valle. Los dos se han hecho un sitio en la ciudad, cada uno a su manera y ninguno como esperaba. Y llega una carta de casa. En Motomura hay gente que no ha olvidado quién era la madre de Yota, ni lo que hizo, ni cuánto debe todavía. Este es el libro de las cuentas viejas: las que se pagan con dinero, las que se pagan estando, y las que no se pagan nunca.

Portada de «La ciudad de los ojos abiertos»
Nadie volverá a engañarnos · 4

La ciudad de los ojos abiertos

Treinta y una personas hablan de Satoria y todas cuentan cosas distintas.

Solo hay un detalle en el que todas coinciden, y es tan pequeño que nadie lo exageraría: que cuando llegas, alguien te pregunta el nombre. Yota y Kat bajan el río hacia la costa del sur siguiendo ese único hilo. Y lo que encuentran al otro lado del vado no es lo que llevan cinco años imaginando. Es algo más viejo, más frágil y mucho más difícil de sostener.

Portada de «Si somos bastantes»
Nadie volverá a engañarnos · 5

Si somos bastantes

Doce años después, lo que montó empieza a funcionar demasiado bien.

Un crío escribió una vez, en un pajar y sumando mal, que si aprendía bastante nadie volvería a engañar a su madre. Ha aprendido mucho: sabe montar un sistema que impida que a la gente la engañen, y lo ha hecho once veces. Ahora tiene delante un problema que no se arregla con columnas. El último libro trata de eso: de los dos hombres a los que hizo daño con la mejor intención del mundo, y de la única palabra que hacía falta para todo esto.

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La serie se publica también por entregas, en japonés, en Shōsetsuka ni Narō.

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Quién es quién

Los personajes

En esta historia no hay magia, ni elegidos, ni espadas. Hay una libreta, un delantal con los bolsillos llenos, un plato de más en la mesa… y un perro.

Hoja de modelo de Yota, el chico de la libreta

El que cuenta

Yota Mikado

Doce años, una libreta de cartón y la manía de apuntarlo todo: tejas, gallinas, monedas, mentiras. Sobre todo mentiras. Dice la cosa correcta y el mundo bosteza. Todavía.

Hoja de modelo de Kat, la chica del delantal

La que reparte

Katari «Kat» Hanada

Once años, un lazo desteñido y un delantal de bolsillos siempre llenos. No sabe leer, pero abre puertas que no existen en ningún reglamento. Kat no regala cosas: desborda.

Hoja de modelo de Hana, la madre de Yota

La madre

Hana

Las manos que más monedas han tocado de todo Motomura y las que menos se han quedado. Cada noche pone un plato de más en la mesa, por si viene alguien.

Hoja de modelo de Kuro, el perro pardo

El perro

Kuro

El perro pardo del cartel más viejo del tablón de encargos: «eso lo encuentras antes que al Kuro». Lo encontró la única persona que no lo estaba buscando.

¿Quieres saber qué cuenta Yota de todos ellos? Está apuntado en la libreta.

Empieza por el primer libro →

El mundo

Motomura y el camino

Un valle rodeado de montañas donde viven doscientas doce personas, catorce vacas y una sola salida: el camino que trepa hacia el mundo.

La casa de Yota, con el huerto y las gallinas

La casa de Yota

La última del pueblo, pegada al murete norte. Tres sillas y, cada noche, tres platos.

La plaza y la fuente de Motomura

La plaza

Donde los cuchicheos se agachan como espigas cuando pasa alguien.

El molino viejo de Motomura

El molino viejo

Cuarenta y siete tejas rotas en el tejado. Contadas dos veces.

El paso que sale del valle

El paso

La única salida del valle. Veintidós mojones hasta el primer cruce.

Portadas e ilustraciones del universo generadas con inteligencia artificial. Las láminas de personajes y lugares son hojas de modelo (settei) oficiales de la serie.

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